Hay muchas cosas de las que podemos estar orgullosos en Rivas. Muchas, sin duda. Una de ellas, quizás la más importante, es nuestra red de centros públicos educativos. Una red que nació de la movilización ciudadana contra las autoridades educativas que, en los años 80 se negaban a sacar a nuestra comunidad educativa de los barracones prefabricados con los que pretendían suplir colegios de calidad.

Una red pública que se desarrolló y se convirtió en lo que es hoy gracias a la negociación con la Comunidad de Madrid y a la voluntad férrea de la ciudadanía ripense de transformar las plusvalías urbanísticas en dotaciones públicas para la ciudad, entre ellas, las escuelas, colegios e institutos que son modelo para otras ciudades de la región. Durante los años del gran desarrollo de Rivas, vinieron a vivir a nuestra ciudad miles de parejas jóvenes atraídas, entre otras cosas, por unos centros públicos de calidad que, además, cuentan con apoyo municipal para todo tipo de actividades extraescolares y que más allá de la estricta actividad educativa, forman parte de la vida social, cultural y deportiva del barrio en que se encuentran ubicados.
Durante muchos años, cada curso, el Ayuntamiento firmaba un convenio con la Comunidad de Madrid para adelantar la financiación y hacerse cargo de la construcción un nuevo centro para un barrio que aún no existía, para unos niños y niñas que aún no habían llegado a nuestra ciudad. Al contrario de lo que ocurría en otras zonas en desarrollo en la Comunidad, en Rivas, primero aparecían los colegios, y después las viviendas. Nos enorgullecemos de cada uno de nuestros 29 centros educativos públicos, y por eso, el 83 por ciento de nuestra población escolar está matriculada en ellos.

Apostamos por la educación pública no solo porque sabemos que es una poderosa herramienta para romper cadenas y poner fin a los muros que impiden el avance y el progreso de los pueblos, sino también porque estamos convencidos de que es la mejor opción, la más integradora, la más igualitaria y la más justa. Es decir, es el único sistema que, dotado de presupuesto y recursos, una adecuada política de becas y un sistema fiscal progresivo que lo financie, garantiza la igualdad de oportunidades de todas y todos al margen de su origen social, de sus rentas o de su patrimonio.

Por estos motivos, y por otros muchos que no podría poner aquí sin hacer este artículo demasiado largo y tedioso, esta mañana he firmado un bando en el que animo a las madres y padres de las cerca de 2.000 niñas y niños que este año deben escolarizarse o cambiar de etapa a que elijan uno de nuestros centros públicos.

Ser alcalde tiene sus momentos duros, tomar decisiones no siempre es fácil, ni está en nuestra mano solucionar cada problema que tenemos como ripenses. Pero es motivo de aliento reconocer, en la apuesta de esta ciudad por la escuela pública, el compromiso cotidiano con un futuro en manos de su gente. Escolarizar a nuestros hijos e hijas en las escuelas infantiles, colegios e institutos públicos es la decisión más sabia.